Tuesday, October 24, 2006

¿Qué es el budismo?
Por Naila Castillo

Ahondando en la historia vemos que el budismo parte de un hombre llamado Sidharta Gautama al que luego de alcanzar el pleno desarrollo de su potencial fue conocido como Buda Sakyamuni. Éste hombre, buscando una respuesta a la naturaleza del sufrimiento se sumió completamente en la realidad, observándola hasta desgranarla por completo; reposando en sí mismo contempló pensamientos, emociones, temores, esperanzas, y fue dejando que todo siga su curso, que las cosas fluyeran. Así fue conectando con la realidad tal como es, abriéndose en vez de manipular.
Hay muchas maneras de acercarse al budismo y cada uno puede escoger qué es lo que busca, el estudio intelectual, o la plena integración del ser humano en todos sus planos y en la realidad tal como es.
Es bueno aclarar que a pesar de lo que se cree, el budismo no es una religión, sino una ciencia de la mente. El budismo tiene su raíz en la realidad, y trata de que todos los seres humanos descubramos el potencial intrínseco que tenemos y podamos hacer pleno uso de éste. Éste potencial no está ligado a ninguna atadura doctrinal ni dogmática sino a penetrar en el tejido de la vida e ir descubriendo la naturaleza misma de ésta, en ir comprendiendo que el ser humano es un ser íntegro y a la vez efímero, pero que en esencia es indestructible. El budismo es aprender a morir a cada instante para descubrir el gozo que tiene la vida más allá de los vaivenes de las emociones, más allá de las situaciones de la vida.
El budismo tiene prácticas que nos muestran que ese potencial de espacio y gozo, de libertad es la verdadera naturaleza de nuestra mente y que ésta se oculta detrás de miles de velos que parecen sólidos y que constituyen nuestra tendencia a recrear cada vez más sufrimiento. En el budismo esto se denomina veneno y si bien hay muchas manifestaciones sutiles las formas más básicas son el apego, la ira y la ignorancia. Pero si dejamos de dar rienda suelta a los venenos de la mente con todas sus resistencias, y los consideramos como parte de la dinámica de la mente, así como a nadie se le ocurriría separar las olas del océano, encontraríamos que detrás de esa aparente realidad hay un manantial constante de sabiduría y alegría. Es como un estado constante, tan constante que a veces cuesta creer que eso sea realidad, y la cualidad de esto es que no depende de nada para existir, es autoexistente y no tiene principio ni fin.
Si se preguntan cuál es la forma de alcanzar esto, es simple, uno solamente tiene que aprender a no dejarse llevar por los impulsos superficiales por más dolorosos o placenteros que parezcan y tener el coraje para ignorar esas tendencias tan arraigadas, simplemente estableciéndose en ese estado de calma y plenitud.
A veces parece muy difícil llevar esto a la vida cotidiana, pero es necesario hacer un intento, sobre todo en éste mundo tan violento como el que vivimos hoy, donde las personas no encuentran la manera de desidentificarse de sus pensamientos y emociones y trascender el sufrimiento. Se trata entonces primero de alcanzar una visión, de comprender que uno puede vivir su vida como si estuviera en la cima de una montaña, es decir con mucho “aire” y con mucho espacio y que eso a su vez trae un gozo muy simple pero tremendamente exultante. Comprender que las cosas tienen una dinámica que se integra constantemente con el tejido de los otros, que las cosas nacen y mueren y que es imposible congelar ese proceso y entender que ese movimiento tiene que ver con vivir la realidad tal como está, comprendiendo que la felicidad no reside en modificar la vida en su escenario externo. Este movimiento va haciendo que entendamos que la vida no es algo sólido, por lo cual se vuelve imposible de conceptuar, volviéndose espaciosa y receptiva.
El objetivo es Vivir libre de las ataduras de los juegos que la mente ha mal aprehendido. La manera de llevar esto a la realidad es a través de la meditación. La meditación es un estado en el cuál tenemos una gran capacidad de enfocarnos en ésta visión e ir permitiendo que vaya decantando en nuestra vida. La meditación puede ser formal, puede ser a través de prácticas como el yoga físico, la respiración, a través de la reflexión, a través de la contemplación o como fuere, pero trata de abrir la visión habitualmente estrecha de la realidad e ir bañando con ella la propia vida cotidiana.
El budismo es un laboratorio, la meditación que es su principal arma es un microscopio y la vida incluido uno mismo es el objeto de estudio. Podríamos decir entonces que el budismo es el reconocimiento del propio potencial y el arte de sacar a la luz la irradiación de ese potencial, pero para ello es necesario conocer las propias limitaciones, conocer los velos que recubren nuestra mente y ser compasivo con uno mismo, hacerse amigo de uno tal como es en éste momento.
Por ello, cuando uno de pronto no sabe dónde está parado o al contrario, siente que una vorágine imparable le domina la “cabeza” es preciso detenerse un segundo y preguntarse qué clase de futuro está forjando uno en ese momento, no sólo para uno mismo, sino también para el resto de los seres y recordar que está desperdiciando un potencial fabuloso simplemente por comodidad. El budismo entonces es una herramienta que nos recuerda como vivir.


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