Tuesday, July 29, 2014
La quintaesencia de los Santos
por S.S. Dudjom Rinpoche
Muy precioso y bondadoso Guru raíz, señor del mandala, único, permanente e infalible refugio, sustenta con tu compasión a aquellos que, preocupándonos únicamente de la vida presente y sin albergar el pensamiento de la muerte, desperdiciamos éste nacimiento humano libre y bien favorecido.
Nuestra existencia, ese gesto efímero parecido a un sueño, si es dichosa, está muy bien; pero, si es desgraciada, también está bien; sin correr en pos de la alegría ni tratar de huir de la tristeza, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Esta vida humana, cual lámpara de mantequilla expuesta al viento, si es longeva está muy bien pero, si es breve, también está bien; sin constreñir aun más el lazo del ego, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
La existencia dedicada al placer, como una tentadora aparición mágica, si tiene éxito está muy bien; pero, si fracasa, también está bien. Rechazando los ocho intereses mundanos como si fuesen basura, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
La compañía, cual bandada de pájaros sobre la copa de un árbol, si se mantiene unida está muy bien pero, si se dispersa, también está bien; sin permitir que los otros nos arrastren de la nariz, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
éste cuerpo ilusorio, cual ruina centenaria, si se mantiene en pie está muy bien; pero, si cae reducido al polvo, también está bien. Sin preocuparnos por el vestido, el alimento o la medicina, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Los instrumentos del devoto, cual juguetes de un niño, si se guardan está muy bien pero, si se pierden, también está bien. Sin molestarnos por detalles carentes de importancia, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Dioses y demonios, cual reflejos en un espejo, si son favorables está muy bien; pero, si nos son adversos, también está bien. Sin tomar como enemigos a nuestras propias visiones ilusorias, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
La confusa palabrería, como un eco inasible, si no atrae nuestra atención está muy bien;pero, si nos interesa, también está bien. Tomando como testigos únicamente a las Tres Joyas y a nuestra conciencia, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Aquellas cosas que, cual cornamenta de ciervo, pueden mostrarse inútiles en momentos de necesidad, si no hacemos caso de ellas, está muy bien;pero, si no las ignoramos, también está bien. Sin depositar nuestra confianza en las artes y las ciencias mundanas, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Las ofrendas y el dinero de los devotos, cual veneno letal, si los recibimos está muy bien pero, si no los conseguimos, también está bien. Sin consagrar nuestra vida a acumular más negatividades, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
La posición encumbrada, cual excremento de perro revestido de brocados, si la alcanzamos está muy bien pero, si no llegamos a ella, también está bien. Percibiendo directamente nuestra propia podredumbre, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Los amigos y parientes, cual viandantes que se cruzan en el mercado, si son armoniosos está muy bien pero, si son hostiles, también está bien. Cortando el apego de la tensa cuerda que ata nuestro corazón, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Todas las posesiones materiales, como un tesoro descubierto en un sueño, si uno las posee, está muy bien pero, si no cuenta con ellas, también está bien. Sin hacer girar hacia nosotros la cabeza de los demás buscando halagos, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Los privilegios y el rango, que recuerdan al pajarillo encaramado en la copa de un árbol, si son elevados está muy bien pero, si son inferiores, también está bien. Sin tornarnos más mezquinos al desear una posición mejor, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Los sortilegios concebidos para causar daño, cual arma de doble filo, si somos capaces de utilizarlos está muy bien pero, si no podemos hacerlo, también está bien. Sin buscar la espada que segará nuestra propia vida, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
La recitación de las plegarias, como la letanía de un loro, si uno la pone en práctica, está muy bien pero, en caso de no hacerlo, también está bien. Sin alardear de todo lo que hacemos, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Las prédicas religiosas, que recuerdan al ruido de las cascadas de montaña, si son elocuentes está muy bien pero, si no lo son, también está bien. Sin confundir la mera palabrería con la auténtica enseñanza, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
El intelecto que juzga rápidamente, cual cerdo olisqueándolo todo, si es perspicaz está muy bien pero, si está embotado, también está bien. Sin permitir que se claven en nosotros los dardos del apego y el rechazo, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Las experiencias meditativas, como el torrente tras una tormenta de verano, si aumentan está muy bien pero, si disminuyen, también está bien. Sin imitar a los niños que persiguen el arco iris, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Las visiones puras, cual llovizna en la cumbre de una montaña, si surgen está muy bien pero, si no aparecen, también está bien. Sin tomar por reales las experiencias ilusorias, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Las libertades y las condiciones favorables, como una gema que otorga todos los deseos, resultan indispensables para poder practicar el santo Dharma. Así pues, sin arrojar aquello que ya tenemos en nuestras manos, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no hallamos al glorioso maestro, que es la lámpara que ilumina el sendero a la liberación, no habrá modo de que reconozcamos nuestra verdadera naturaleza. Así pues, una vez que sabemos por donde transcurre el sendero, no saltemos al abismo y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no escuchamos el sagrado Dharma, que es como la medicina capaz de curar la enfermedad, no tendremos oportunidad de saber qué hacer y qué evitar. Así pues, cuando conocemos la diferencia entre el bien y el mal no nos abalancemos sobre el veneno y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no apreciamos la alternancia entre placer y dolor, que evoca a la sucesión de las estaciones, no podremos renunciar al samsara. Así pues, dado que es seguro que el sufrimiento siempre nos alcanzará, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no podemos liberarnos ahora de nuestra situación samsárica, que se parece a una piedra caída en el fondo de un lago, tampoco seremos capaces de hacerlo en el futuro. Por ello, cojamos fuerte la cuerda de la compasiva Triple Joya y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si ignoramos las virtudes de la liberación, que es como una isla saturada de joyas, no habrá forma de desarrollar determinación y perseverancia. Habiendo reconocido las ventajas de una victoria definitiva,practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no saboreamos el néctar de las vidas de los grandes maestros, no podremos generar suficiente confianza. Así pues, si somos capaces de diferenciar entre la victoria y la derrota, no escojamos la auto destrucción y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no cultivamos el fértil campo de la Bodhicitta, no tendremos ninguna posibilidad de alcanzar la iluminación. De éste modo, sin ceder a la holgazanería cuando hay una gran meta que alcanzar, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no mantenemos bajo control a nuestra propia mente, que es como un mono inquieto, no podremos evitar las emociones conflictivas. Por ello, sin actuar tan irreflexivamente como un loco, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no rechazamos al ego, que es como una sombra que nos sigue a todas partes, no habrá manera de que arribemos al Reino del Gran Gozo. Así pues, cuando el enemigo se halla a nuestro alcance no lo tratemos como a un amigo y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no extinguimos los cinco venenos, que son como las brasas ocultas entre las cenizas, no podremos reposar en el estado natural. Así, sin criar víboras en nuestros bolsillos, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no ablandamos nuestro carácter, que se parece al cuero endurecido de un saco de mantequilla, no podremos mezclar jamás nuestra mente con el Dharma. De éste modo, sin robar a nuestro propio hijo, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no logramos cortar las tendencias negativas persistentes y los malos hábitos, que son como el curso principal de un río, no podremos evitar actuar en contra del Dharma. Por ello, sin poner armas en las manos de nuestros enemigos, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no nos libramos de las constantes olas de la distracción, no podremos lograr estabilidad. Así pues, si podemos hacer lo que queramos, no elijamos el samsara y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no recibimos las bendiciones del maestro, como la primavera que calienta el suelo y las aguas, no podremos ser introducidos a la verdadera naturaleza de la mente. Si disponemos de un atajo similar, no emprendamos un gran rodeo y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no somos capaces de permanecer en el retiro en la soledad de la naturaleza, que es como el verano en un lugar exuberante donde crecen las flores, no habrá modo de que emerjan las buenas cualidades. Así pues, si nos hallamos en la cumbre de la montaña, no descendamos a merodear por los pueblos oscuros y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no nos alejamos del anhelo de los placeres, que es cual espíritu que atrae el infortunio a nuestro hogar, jamás pondremos fin a nuestra actividad de sufrimiento. Sin hacer ofrendas a esos espíritus ávidos como si fueran nuestra deidad personal, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no cultivamos la plena atención, como un vigía a la entrada de una fortaleza, no podremos poner fin al movimiento de la ilusión. Si sabemos a ciencia cierta que el ladrón va a venir, no dejemos el pestillo de nuestra puerta abierto y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no reconocemos nuestra verdadera naturaleza, que es tan inmutable como el cielo, no podremos resolver definitivamente las dudas sobre la visión. Así pues, sin dejarnos encadenar por la mera teoría, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si no contemplamos directamente la conciencia primordial —cual cristal inmaculado—, no podremos trascender la meditación intencional. De éste modo, si ya disponemos de un amigo fiel, no nos lancemos a la búsqueda de nuevas compañías y practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
Si somos incapaces de reconocer la «mente ordinaria» —como un viejo amigo—, todo lo que hagamos sólo contribuirá a aumentar nuestra confusión. Sin buscar a tientas con los ojos cerrados, practiquemos sinceramente el Dharma supremo.
En resumen, si no abandonamos las preocupaciones de esta vida, no habrá modo de poner en práctica las sagradas enseñanzas en el momento de la muerte. Habiendo resuelto, pues, ser bondadosos para con nosotros mismos, que todas nuestras actividades se encaminen hacia el Dharma. Que podamos permanecer libres de las visiones erróneas hacia el Lama que nos transmite la enseñanza del Dharma. Que conservemos la fe en el yidam cuando sobrevenga el infortunio. Que podamos seguir practicando nuestra sadhana a pesar de las circunstancias difíciles. Que podamos superar todos los obstáculos que nos impiden obtener la realización.
Todas las actividades tienen tan poco sentido como ir a dar un paseo por el desierto. Todos los esfuerzos sólo contribuyen al endurecimiento de nuestro carácter. Todos nuestros pensamientos no hacen sino añadir confusión a la confusión. Todo lo que las personas ordinarias toman por religión sólo es causa de mayor esclavitud. No sacaremos nada del exceso de actividad; no tiene sentido pensar demasiado; y no hay tiempo para que se cumplan nuestras expectativas. Habiendo desechado todo eso, que podamos meditar de acuerdo a las instrucciones orales.
Si deseamos emprender alguna acción, pongamos por testigos al Buda y las enseñanzas.Si deseamos hacer algo, mezclemos nuestro continuo mental con el Dharma. Si queremos obtener algo, tomemos como ejemplo las vidas de los maestros del pasado.¿Qué sentido tiene intentar algo diferente?
¡Niños consentidos!, liberémonos de las ocho preocupaciones mundanas y adoptemos una posición humilde porque estar satisfechos equivale a poseer un tesoro. ¡Que las bendiciones del Maestro penetren en todos nosotros! ¡Que nuestra realización sea tan vasta como el cielo! ¡Que podamos alcanzar el reino de Samantabhadra!
Escrito por Jigdral Yeshe Dorje para su propio uso, condensando el significado esencial de las palabras vajra de los grandes maestros del pasado.
Tuesday, June 24, 2014
El Linaje de Esencia Materna: Khyungchen Aro Lingma

El Budismo Tibetano se conoce en Occidente principalmente en términos de vida monástica. Al respecto a la sangha monástica, cabe destacar que la enseñanza de las escuelas de budismo tibetano y Bön son accesibles generalmente mediante monjes. Solo una pequeña minoría de Budistas Occidentales siguen a Lamas tibetanos que sean monjas. En la actualidad la única monja tibetana que enseña en Occidente es Khandro Rinpoche, un Lama femenino de la Escuela Kagyü. El predominio masculino en la cultura espiritual de Tibet parece ser mayoría hasta donde las personas saben. Sin embargo no es enteramente inadecuado considerar que la cultura espiritual dominante de Tibet, no transmite el mismo dinamismo espiritual que el transmitido por la óptica femenina y la de los muy pequeños linajes familiares que han existido, en los cuales fueron mujeres quienes lideraban en lo espiritual.

Desde la muerte de Aro Lingma, la tradición fue continuada por un sostenedor de linaje masculino, apoyado por su asociación con dos poderosas mujeres. Esto llegó a ser llamado la línea indirecta del hijo. Se llamó indirecta porque vino mediante un sostenedor de linaje masculino, y en esta tradición, los practicantes varones tienen bendiciones del linaje menos poderosas. Hay sin embargo una predicción, que la línea directa de hija resurgirá con mayor poder si suficientes mujeres alcanzan realización con los métodos visionarios del Linaje de Esencia Materna.
Saturday, May 11, 2013
La práctica del Dzogchen en la vida cotidiana

Tenemos que experimentarlo todo completamente, sin tratar de escondernos dentro de nosotros mismos como la marmota que se oculta en su madriguera. Esta práctica libera una energía tremenda que, por lo general, se ve constreñida porque intentamos mantener puntos de referencia fijos. Los puntos de referencia son el proceso que utilizamos para alejarnos de la experiencia directa de la vida cotidiana.
Al principio, el intento de permanecer presentes en el momento puede provocar cierto temor. Pero, si damos la bienvenida a la sensación de temor con plena apertura, atravesaremos ese obstáculo creado por nuestras pautas emocionales habituales.
Cuando llevamos a cabo la práctica de descubrimiento del espacio, debemos experimentar un sentimiento de plena apertura hacia todo el universo. Tenemos que abrirnos con absoluta simplicidad y desnudez mental. Ésta es la poderosa aunque ordinaria práctica de dejar caer nuestra máscara de autoprotección.
En la meditación, no tenemos que establecer división alguna entre la percepción y el campo de percepción. No debemos parecernos al gato que acecha a un ratón. Debemos comprender que el objetivo de la meditación no es sumergirnos “profundamente” en nuestro interior ni retirarnos del mundo. La práctica es libre, carente de conceptos, sin introspección ni concentración.
El vasto espacio sin origen de la luminosa sabiduría espontánea es la base del ser y el principio y el final de la confusión. La presencia de la sabiduría en el estado primordial carece de predilección por la iluminación o la no-iluminación. La base del ser —también conocida como la mente pura original— es la fuente de la que emergen todos los fenómenos. También recibe el nombre de la Gran Madre, ya que es la matriz potencial donde todas las cosas aparecen y se disuelven en su perfección natural y espontaneidad absoluta.
Todos los fenómenos son completamente claros y lúcidos. El universo es apertura sin obstrucción. Todas las cosas están interpenetradas.
Para ver todas las cosas en su desnudez, con claridad y sin oscurecimientos, no hay nada que alcanzar o realizar. La naturaleza de los fenómenos aparece naturalmente y se halla espontáneamente presente en la conciencia que trasciende el tiempo. Todo es naturalmente perfecto tal como es. Todos los fenómenos emergen, de manera única, como parte de una pauta en continua transformación. Esa pauta vibra plena de sentido y significado a cada instante, pero no podemos apegarnos a su significado más allá del momento en que se presenta.
Ésta es la danza de los cinco elementos donde la materia es un símbolo de la energía, la energía un símbolo de la vacuidad y nosotros mismos un símbolo de nuestra propia iluminación. Sin necesidad de esfuerzo ni de práctica en absoluto, la liberación o la iluminación está ya con nosotros.
La práctica del dzogchen es la misma vida cotidiana. Puesto que no existe un estado inferior, no hay necesidad alguna de comportarse de un modo especial o ni de alcanzar nada por encima o más allá de lo que ya somos realmente. No debemos cultivar ningún sentimiento de esfuerzo por lograr alguna “meta extraordinaria” o un estado “superior”.
Esforzarse por alcanzar ese estado es una neurosis que sólo nos condiciona más y obstruye el libre flujo de la mente. También debemos evitar pensar en nosotros mismos como personas carentes de valor, puesto que nuestra verdadera naturaleza es naturalmente libre y no condicionada. Estamos intrínsecamente iluminados y, en consecuencia, no carecemos de nada.
Cuando abordamos la práctica de la meditación, tenemos que hacerlo de manera tan natural como comer, respirar o defecar. No tenemos que convertirla en un acontecimiento especial o formal, lleno de seriedad y solemnidad. Debemos comprender que la meditación está más allá del esfuerzo, la práctica, los objetivos, las metas y la dualidad entre liberación y no-liberación. Nuestra meditación siempre es perfecta. No hay necesidad alguna de corregir nada. Puesto que todo lo que surge es el juego de mente, no existe la meditación incorrecta, ni necesidad alguna de juzgar los pensamientos como buenos o malos respectivamente.
Por lo tanto, debemos sentarnos simplemente, permaneciendo sencillamente en nuestro propio lugar y en nuestra propia condición tal cual es, sin pensar que estamos “meditando”. Nuestra práctica debe carecer de esfuerzo, de tensión, de cualquier intento de control o manipulación para intentar que sea más “apacible”.
Si descubrimos que estamos alterándonos del modo antes descrito, sencillamente dejamos de meditar y descansamos y nos relajamos un rato. Luego, reanudamos nuestra meditación. Si tenemos “experiencias interesantes” durante la meditación o después de ella, debemos evitar convertirlas en algo especial. Perder el tiempo pensando en esa clase de experiencias es una mera distracción y un modo infalible de perder la naturalidad. Esas experiencias sólo son signos de la práctica y deben ser consideradas como eventos pasajeros. No debemos intentar repetirlas porque eso sólo sirve para distorsionar la espontaneidad natural de la mente.
Todos los fenómenos son atemporales y completamente nuevos o frescos, absolutamente únicos y completamente libres de los conceptos de pasado, presente y futuro.
El continuo flujo de nuevos descubrimientos, revelaciones e inspiraciones que emerge a cada momento es la manifestación de nuestra propia claridad. Debemos aprender a ver nuestra vida cotidiana como un mandala o como el ornamento luminoso de las experiencias que irradian espontáneamente de la naturaleza vacía de nuestro ser. Los elementos que forman nuestro mandala son los objetos cotidianos de nuestra experiencia moviéndose en la danza o el juego del universo. Gracias a ese simbolismo, el maestro interior revela el significado profundo y último del ser. Por lo tanto, debemos ser naturales y espontáneos, aceptándolo todo y aprendiendo de todo. Eso nos permitirá percibir el lado irónico y divertido de muchos acontecimientos que, por lo general, nos irritan.
La meditación nos permite ver a través de la ilusión del pasado, el presente y el futuro, con lo que nuestra experiencia deviene la continuidad del ahora. El pasado sólo es un recuerdo poco fiable sostenido en el presente. El futuro sólo es la proyección de nuestras concepciones presentes. El presente mismo se desvanece tan pronto como tratamos de asirlo. Entonces, ¿por qué molestarnos en tratar de dar consistencia a la ilusión?
Tenemos que liberarnos de nuestros recuerdos y de todos los prejuicios acerca de qué es la meditación. Cada instante de meditación es completamente único y pleno de potencialidad. En ese momento, no podemos juzgar nuestra meditación en términos de experiencia pasada ni de secas teorías o retóricas vacías.
La mera inmersión en la meditación en el momento presente, con todo nuestro ser, libres de dudas, aburrimiento y excitación, es la iluminación.
Thursday, August 09, 2012
Entrevista a Lama Tulku Lobsang
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Thursday, July 05, 2012
Entrevista a Sogyal Rinpoche
Porque los occidentales no son tontos, claro.
Ustedes han visto ya cuánto sufrimiento mental padecen, y están descubriendo que el budismo puede ayudarles.
Depresión, neurosis, infelicidad… ¿Por qué? ¿Por qué, si disponen de tanta riqueza, avances, tecnología, confort…?
Vivirás en el mejor sobreático del mejor edificio sobre Central Park… y te tirarás por la ventana. ¿Por qué? Porque la felicidad sólo está en la mente. Todo está en los pensamientos. ¡Es la mente la que crea el mundo!
Sí: sufrimiento y felicidad son creaciones mentales. Por eso la enseñanza principal del budismo es ésta: “¡Domestica tu mente!”.
En conquistar la mente: el budismo enseña a entrenarla para aplacar emociones negativas, angustia, descontento, infelicidad…
Sí. Entrenando la mente, es posible llegar al extremo de que cualquier suceso deje de parecerte adverso… para ser una bendición.
A mí me ayudó esta frase que leí hace 30 años: “El agua, si no la remueves, se vuelve clara”. Pues bien, la mente es como el agua.
La enturbian los pensamientos. Una mente calma es un cielo azul: los pensamientos son las nubes que lo tapan. ¡No te identifiques con esas nubes, y busca ver el cielo!
¿Sí? “Todos los problemas del ser humano derivan de su incapacidad de sentarse solo en una habitación”, escribió Pascal…
Nos distraemos de nosotros mismos con pensamientos: son astucias del ego que nos apartan de nuestra esencia, son falsas visiones a las que nos aferramos, nos apegamos.
Practicó una ceremonia de cremación del hijo, y conservó las cenizas en una bolsita de seda. Trabajaba, comía y dormía aferrado a la bolsa y a su desesperación, llorando…
Un día su hijo escapó de los bandidos y llamó a la puerta del padre. Era medianoche y el padre sollozaba junto a las cenizas. “¡Soy yo, papá!”, gritó el hijo. El padre pensó que alguien le gastaba una broma cruel, y no abrió. El hijo llamó cien veces, inútilmente,hasta que se fue. ¡Nunca volvieron a verse!
… y no sabemos dar la bienvenida a la verdad en persona cuando llama a la puerta.
Cada vez que vea o hable con otra persona, piense que esa persona es usted.
Entrene su mente en eso. Verá qué bien.
Haga este ejercicio: inspire, y a cada inspiración imagine que recoge usted todo el dolor, desgracia, angustia y sufrimiento de los otros; y espire, y a cada espiración difunda hacia los otros bondad, consuelo, amor.
Precisamente: tus males derivan de preocuparte tanto de ti mismo, del yo, yo, yo…
Yo, yo… ¡Ábrete al sufrimiento de los otros!: eso es la compasión. Y empieza a meditar: quieto, concéntrate en tu respiración, obsérvala, eso sosegará tu mente. La práctica de la meditación conduce a la paz interna.
Lo que te digo no es cuestión de fe: te bastará con probarlo y saborearlo por ti mismo.
La falacia del ego se disuelve, las emociones negativas pasan… Eso es la sabiduría: como la compasión, está también dentro de ti.
Poquito a poco… Pero si lo intentas, te llenará de tanta alegría y fuerza que querrás seguir. Hoy los estudios médicos ya han probado los múltiples beneficios psicosomáticos de la meditación (sabiduría) y del amor (compasión): el ritmo cardíaco se equilibra, el sistema inmunológico se refuerza…
El Dalai Lama es un hombre bueno, y verle estimula a la humanidad a intentarlo.
Sí, sí lo sois, pero sucede que aún ponéis la inteligencia al servicio de la ignorancia.
Que puedes tomar la decisión de ser feliz.
Sí, pero no seas ignorante: ¡no te dejes engañar por todo eso, no te identifiques con eso! Ésa es una visión errónea, ignorante.
Ya: si hace mucho que no te duchas, al hacerlo saldrá mucha mugre y te asustarás. Si perseveras, el agua saldrá limpia. Persevera.
A la sabiduría y a la compasión que palpitan dentro de ti podrías llamarlas Dios.
Un día, dentro de muchos eones…
Tuesday, August 30, 2011
La compasión consiste en dar posibilidades
Algunos creen que cuando hablamos de compasión deberíamos ser suaves como una mariposa; o que hablar de amor y compasión significa que debemos regalar todo lo que tenemos.
Por ejemplo, vemos un mendigo y pensamos que debemos darle todo el dinero que llevamos. Digamos que tenemos 20 dólares y que se los damos al mendigo. No sabemos qué va a hacer con el dinero. Digamos que lo usa para comprar alcohol o drogas, se bebe el alcohol o consume las drogas y luego sigue siendo sólo un mendigo en la calle. Así que al final ni nosotros tenemos nuestros 20 dólares ni tampoco los tiene el mendigo. Sólo hemos creado dos mendigos. Hemos practicado la compasión estúpida y no hemos creado posibilidades.
Compasión significa actuar con habilidad para crear posibilidades positivas.
Monday, November 08, 2010
Libérate del Apego a las experiencias
Con comentario de Dilgo Khyentse Rinpoche
"El deseo y el odio aparecen
Pero como los pájaros en su vuelo, no dejan rastro;
Pueblo de Tingri, en Meditación,
Libérate del apego a las experiencias."
Hablando en general sentimos apego hacia nuestra familia, nuestras pertenencias y nuestra posición, y aversión hacia cualquier persona que intente amenazarnos. Intenta no prestar atención a esos objetos externos y examina la mente que los identifica como desea
bles u odiosos. ¿Tienen forma, color, sustancia u ámbito tu deseo o tu odio? Si no es así, ¿porqué razón caes tan fácilmente bajo el poder de tales sentimientos? Por que no sabes como liberarlos. Si dejas que tus pensamientos y sentimientos surjan y se disuelvan por sí mismos, pasarán por tu mente del mismo modo que un pájaro cruza el cielo, sin dejar ningún rastro.
Esto se aplica no sólo al apego y al odio, sino también a las experiencias de meditación como el gozo, la claridad y la ausencia de pensamiento. Estas experiencias vienen con la perseverancia de la práctica y son la expresión de la inherente creatividad de la mente. Aparecen como el arco iris, formadas como los rayos de sol que irrumpen en una cortina de lluvia; y sentirnos apegadas a ellas es tan inútil como perseguir un arco iris con la esperanza de usarlo como chaqueta. Simplemente, deja que tus pensamientos y experiencias vengan y se vayan otra vez, sin agarrarte a ellos.
Monday, August 23, 2010
Mapas de la realidad
“Las líneas de las conexiones y asociaciones con el conocimiento pasado son importantes en sentido relativo, pero nosotros permitimos que ese proceso domine todo lo demás, e imponemos sistemas de categorización en nuestra experiencia. Verás, siempre hay un proceso abstracto que se está sucediendo y en algunos casos es útil y en otros no. La abstracción es útil cuando estamos armando un mapa de un área –no es posible poner cada árbol y piedra dentro del mapa, o el mapa sería tan grande como el área que estamos tratando de llevar al mapa. Así que es abstracto. Estos mapas son valiosos, pero si creemos en ellos demasiado –especialmente mapas de “vida” o “experiencia” – entonces corremos el riesgo de descreer de la realidad cuando entra en conflicto con el mapa.
Incluso en los círculos budistas la gente hace esto. La realidad está definida por textos, y los textos fueron escritos en la prosa arcaica de una cultura extranjera. Tal vez algunas personas puedan leer estos mapas… tal vez algunos lamas tibetanos puedan leer estos mapas… ¿pero que pasa si los mapas se vuelven poco o nada comunicativos? ¿Qué ocurre si uno nunca visita los lugares a los que el mapa hace referencia? ¿ que pasa entonces? Este es un punto difícil ¿cierto? Incluso en términos de salud psicológica, necesitamos permanecer abiertos para re-dibujar continuamente nuestros mapas de la realidad acorde con lo que realmente está allí. Tal vez el Monte Meru no esté realmente ahí.
Para ser practicantes reales tenemos que estar continuamente abiertos a comparar el mapa con el paisaje real de la experiencia que encontramos en nuestra práctica sentada. En términos espirituales, el mapa y la falta de éste, o el mapa y el territorio sin marcar son no duales. Son simplemente forma y vacuidad”.
Wednesday, August 11, 2010
El dolor y la no-esperanza por Chögyam Trungpa Rinpoche
El dolor es habitualmente muy serio. El dolor es habitualmente algo de lo que no se habla. No es que sea difícil describirlo, sino que no queremos describirlo. Desde ese punto de vista, el dolor es sinónimo de ego. Ego es dolor, y dolor es ego. Dolor es neurosis.
Dolor, o ego, es algo de lo que no se habla. Es un secreto enorme. Es un secreto tal, que no tenemos siquiera que nombrarlo. Podemos meramente hacer solo una referencia a ello y nuestro colega o amigo sabrá de lo que estamos hablando. Podrías decir, “Hoy ha sido un día muy pesado” Tu amigo nunca preguntará, “¿un día muy pesado de qué?”. Se entiende. Es una comunicación mística.
Sea cuando sea que la posibilidad de que esa clase de comunicación se presente por si misma, nos apartamos de ella. Vamos bien lejos y luego damos la vuelta. No vamos demasiado lejos. Tal vez asumimos que si fuéramos demasiado lejos, podría ser embarazoso para nuestros colegas o amigo. Pero en realidad sería embarazoso para nosotros (quizás para nuestro amigo o colegas también). El dolor son las innombrables partes privadas que no queremos mencionar. Es un nombre sagrado. Es una versión samsárica de Dios. Su estilo de protección es la duda de no adentrarse en ello tanto como se pueda porque te sientes amenazado por la sensación de adentrarte en ello demasiado.
En realidad no hay peligro en ir demasiado lejos. El peligro, desde el punto de vista del ego, es que si vamos demasiado lejos, podríamos no saber como reensamblarnos a nosotros mismos luego. Es como la rima de las guarderías acerca de Humpty Dumpty: “Todos los caballos del rey y todos los hombres del rey no pudieron poner a Humpty junto otra vez”. No hay esperanza. Cualquiera sea el poder que podamos llamar, el más grande de los grandes poderes que podamos poner juntos, no podemos juntar nuestro ego otra vez una vez que ha sido expuesto. Es imposible, y sabemos eso. Somos tan inteligentes. Hay una indirecta del tantra allí: realmente sabemos como protegernos desde la protección del ego, esa sensación de que hay un enorme esquema allí, aún si es una cosita muy simple que está teniendo lugar. Todo eso es el dolor.
No es tanto la agonía real de tener algo como reumatismo o haber sido heridos psicológicamente por alguien y sentirnos mal acerca de ello. No es esa clase de dolor el que tenemos aquí. Es la experiencia mística fundamental de la “estoidad”, la seidad, y la cualidad de aquello de lo que no se habla -esa cosa acerca de la que no nos hablamos a nosotros mismos, mucho menos a otros. Nunca siquiera pensamos en ello. Eso es el dolor. Y hay una clase de inteligencia allí.
En el caso de Naropa, el quería superar este dolor, y decidió dejar su casa y unirse a un establecimiento monástico para poder así exponerse a sí mismo a merced de los p
rofesores y gurus –así podría rendirse, tomar refugio, abandonar la arrogancia, la confusión, y demás. Pero de acuerdo al ejemplo de la vida de Naropa, solamente exponer el “esto” no es suficiente.Obviamente en el Oeste, con grupos de encuentro, confesión, psiquiatras, y demás, la gente ha desarrollado la idea de exponer el secreto tanto como se pueda, hablar de tu mente en materia religiosa, social y filosófica de todas las clases. Hay muchas formas de aparente exposición de uno mismo. Particularmente, los desarrollos espirituales, psicológicos y filosóficos que han tomado lugar en este país recientemente han sido marcadamente inteligentes. Pero el asunto es: ¿qué ocurre luego? ¿Deberíamos seguir repitiendo la misma ceremonia de exposición de nuestro ego constantemente, cada día, cada hora, cada semana? Hay un límite de cuantas veces podemos ir a confesión. Repetir la misma cosa una y otra vez en cierto punto se vuelve una droga, la cual da una sensación de alivio, de apertura o de originalidad.
El problema aquí no tiene nada que ver con que la técnica esté mal. Es la actitud la que parece estar mal. A través de los métodos de exponernos a nosotros mismos, queremos deshacernos de la carga de este secreto en nosotros, porque alguien podría reconocerlo y usarlo contra nosotros. Esa es usualmente la lógica. Queremos estar completamente claros y limpios para que nadie pueda atacarnos más.
Ese es un esquema muy listo. Pero interesantemente, algunas veces durante el proceso de esquematizado descubrimos un nuevo esquema. En el proceso de ir más allá de las técnicas y métodos del primer esquema, encontramos otro método, otro esquema. Terminamos bombardeados por toda clase de alternativas, y nunca somos capaces de relacionarnos con ninguna de ellas propiamente. Estamos completamente perdidos.
O bien somos muy serios y honestos y seguimos un método en un estilo muy metódico, similar a los negocios. Nos volvemos profesionales en el concurrir asiduamente a orgías, o profesionales en reuniones de groupies. De ese modo, creamos otra cáscara. La treta original ya no funciona más. La treta de repetir la ceremonia de descubrirnos a nosotros mismos crea otra máscara, una máscara espesa, y una vez más estamos empotrados en la roca. Sucede una y otra vez, y no conseguimos salirnos de ello. Los métodos en sí mismos se vuelven obstáculos. No hay nada que podamos hacer acerca de ello.
El problema parece ser la actitud de que el dolor debería irse, entonces seríamos felices. Esa es nuestra creencia errónea. El dolor nunca se va, y nunca seremos felices. Esa es la verdad del sufrimiento, duhkha satya. El dolor nunca se va; nunca seremos felices. Ahí hay un mantra para ti. Vale la pena repetirlo. Tienes la primera iniciación ahora: tienes un mantra.
No es tanto que el dolor es un obstáculo. Si no más bien, como seguimos, el dolor se vuelve un obstáculo porque queremos deshacernos de ello. Por supuesto al principio podemos no considerar el dolor como un obstáculo. La primera cosa es la estupidez: no realizar el dolor. Luego realizamos el dolor y nos familiarizamos con las caídas conectadas con el dolor. Luego queremos deshacernos de eso. Ese es el segundo velo, considerar el dolor como un obstáculo.
La idea es aprender a vivir con el dolor de acuerdo con la tradición budista de la toma de refugio. Este es uno de los métodos más prominentes y más importantes. Tomar refugio aquí significa renunciar a la esperanza, más que renunciar al miedo. Cuando abandonamos promesas, potenciales, posibilidades, entonces comenzamos a darnos cuenta de que no está la carga de futuros aprisionamientos. Hemos sido completamente liberados, aún de la esperanza, lo cual es una experiencia realmente refrescante. En otras palabras, si aceptamos la carga como verdaderamente cargoso, completamente cargoso, entonces su pesadez deja de existir. Por que es verdaderamente una carga, verdaderamente pesada. Es como identificarse con una pesada roca que está presionándote contra el piso. Si te identificas con la roca, tú no existes. Te vuelves la roca.
Pero eso, también, se vuelve muy engañoso. Una vez que empiezas mirar de ese modo, puedes convertir eso en otra trampa. Creas un engaño tras otro que te aprisiona con la esperanza, hasta que te das cuenta finalmente de que no hay esperanza. Podemos decir por seguro que la esperanza, o una sensación de promesa, es un estorbo en el camino espiritual.
Crear esta clase de esperanza es uno de los rasgos más prominentes del materialismo espiritual. Hay todo tipo de promesas, todo tipo de pruebas. Encontramos la misma aproximación de la del vendedor de autos. O es como alguien haciendo una demostración de un limpiador vacío y diciéndote cuan bien puedes limpiar tu casa si tan solo lo compraras. Si tan solo compras ese limpiador vacío, cuán hermoso sería tu cuarto, completamente libre de suciedad y polvo, hasta la última partícula. Ya sea que sea un vendedor de limpiador vacío o un guru, hallamos el mismo nivel de arte para vender. Por ello es que ambos están incluidos en la misma bolsa de materialistas. Hay tantas promesas involucradas. Tanta esperanza es plantada en tu corazón. Esto es jugar en tu debilidad. Crea más confusión con respecto al dolor. Te olvidas enteramente del dolor y te ves envuelto en la búsqueda de alguna otra cosa. Y eso en sí mismo es dolor. Tratar de suprimir la incredulidad, enfocándote en el creer, tratando de convencerte a ti mismo de que este acercamiento funciona (pensando que convenciéndote a ti mismo es lo que lo hará funcionar) –todo eso es dolor.
Eso es por lo que vamos a pasar a menos que entendamos que el requerimiento básico para andar el camino espiritual es la no-esperanza. La no-esperanza no es lo mismo que la desesperación. Hay una diferencia. El desesperar es pereza, falta de intelecto. Uno no está aún dispuesto a buscar la razón de la desesperación. Es una flojera total. Pero la no-esperanza es muy inteligente. Sigues buscando. Das vuelta página tras página, diciendo, “Eso es desesperanza, eso es desesperanza”. Eres todavía muy vigoroso, esperanzadoramente vigoroso. Todavía estás buscando esperanza, pero cada vez tienes que decir, “¡Oh no, maldición!” La no-esperanza persiste; es muy vigorosa, muy inspiradora. Hace cosquillas a tu mente casi como si hubiera algo que estás a punto de descubrir. Cuando lo descubres, dices, “Ah, ahora encontré la cosa!… Oh no. Es otra vez la misma cosa de siempre”.
Hay un tremendo cambio y excitación en la no-esperanza. Cuando te rindes, cuando entras en completa desesperación con no-esperanza tras no-esperanza, justo antes que la desesperación y la pereza tomen posesión de ti, comienzas a desarrollar un cierto sentido del humor. Desarrollas sentido del humor, y no te vuelves completamente haragán y estúpido.
Friday, July 23, 2010
Cambiar-Morir
Extracto del libro “From the Rays of the sun” de Ngak’chang Rinpoche
“Estamos comprometidos con la práctica de la meditación y comprometidos con la muerte. Cuando nos comprometemos a practicar y a abrirnos, nos comprometemos a cambiar – y cuando cambiamos, morimos. Tenemos que morir con el fin de cambiar. Si no podemos morir no podemos cambiar. Es un simple hecho.
Morir significa dejarse ir de la auto-imagen y de la concepción de sí mismo. Tenemos que dejar ir lo que somos y abrirnos a nosotros mismo a lo que podemos des-hacernos. Desde un punto de vista budista es impropio no des-hacerse. Con el fin de des-hacerse, debemos dejar ir la seguridad y hallar la seguridad de la inseguridad. Debemos descubrir la libertad de la inseguridad en la cual la seguridad y la inseguridad danzan como un despliegue no-dual.
Cualquiera que haya pasado más de una semana en retiro solitario entenderá bastante bien que significa morir de la manera que estoy describiendo. Si no podemos dejar morir nuestros preconceptos pasadas no tenemos futuro, y no podemos experimentar el presente. A menos que podamos morir, no podremos estar vivos en el momento – y el momento es todo lo que tenemos”.
Tuesday, July 06, 2010
XIV Dalai Lama, Tenzin Gyatso - 75 años

Nació el 6 de julio de 1935 en Takster (Amdo), en el este de Tíbet, con el nombre de Lhamo Dondhup. A la edad de cinco años, fue proclamado encarnación del XIII Dalai Lama fallecido, llevado al palacio de Potala en la capital del Tíbet y oficialmente proclamado líder espiritual. Un tulku es un monje budista que ha escogido conscientemente renacer (reencarnar), comúnmente muchas veces, para continuar con sus objetivos o tareas religiosas.
Es vegetariano y promueve que la gente lo sea, inspirado por el mensaje de "gran compasión" (mahakaruna). Entre algunas de las campañas que ha hecho para promoverlo está el solicitar a los restaurantes de Dharamsala que se volvieran vegetarianos, con resultados positivos, o que una cadena de comida rápida a base de pollo no abriera establecimientos en el Tibet.
Los budistas consideran que los Dalái Lamas son emanaciones de Buda Avalokiteshvara sin embargo también creen que no es un Buda sino un Bodhisattva, es el patrono del Tíbet y piensan que, tras su muerte, su conciencia sutil tarda un intervalo de cuarenta y nueve días, por lo menos, para nacer de nuevo en un niño que ya desde su nacimiento puede dar señales de su carácter especial.
A los cuatro años de edad fue ordenado monje budista y entronizado como XIV Dalai Lama del Tíbet. El Dalái Lama tenía la capacidad de memorizar y comprender los textos esotéricos en su primer intento estableciendo su reputación como un maestro por encima de todos los demás monjes a los 9 años.
Tras la victoria de los comunistas, a sus 15 años, el 17 de noviembre de 1950 fue declarado jefe de gobierno en exilio. Considerando que la única forma de liberar a su país de la opresión, era que su palabra y su actividad no fueran acalladas, Su Santidad el Dalai Lama cruzó los Himalayas a pie, en un peligroso viaje que le llevó al exilio en India. Unos 80.000 tibetanos le acompañaron, mientras Mao Tse Tung ponía en el gobierno del Tíbet al Panchen Lama al que, sin embargo, no consiguió manejar a su gusto y encarceló en 1964.
En 1954, junto con una gran cantidad de dignatarios religiosos y civiles, viajó a Pekín para mantener conversaciones de paz con Mao, y en 1956 lo hizo a la India, donde pudo conocer al Primer Ministro Nehru, a quién le solicitó apoyo. Pero la crisis continuó y se provocó la primera rebelión en dos provincias fronterizas con China.

El 10 de marzo de 1959 Lhasa se sublevó de nuevo para reafirmar su independencia. Las demostraciones fueron brutalmente reprimidas hasta la total ocupación del país. Decenas de miles de tibetanos murieron en los bombardeos o fueron encarcelados.
Asumió la jefatura del gobierno tibetano a los 18 años, en 1953 y decidió exilarse en 1959. Desde entonces reside en Dharamsala, en el estado de Himachal Pradesh, en el Norte de la India, donde asentó el Gobierno Tibetano en el Exilio.
En 1963, se promulgó una constitución democrática que se basa en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Dharamsala, felizmente conocida como la Pequeña Lhasa posee también instituciones culturales y educativas y sirve de Capital en Exilio de 130.000 refugiados tibetanos que viven principalmente en la India. Otros viven en el Nepal, en Suiza, en el Reino Unido, en los Estados Unidos, en Canadá y otros 30 países.
El 10 de diciembre de 1989 le fue concedido el Premio Nobel de la Paz por su resistencia constante a uso de la NO violencia en la lucha de su gente para recuperar la libertad, dando a conocer su punto de vista respecto al Conflicto del Tíbet y la situación en su país. Es miembro del Comité de honor de la Coordinación internacional para el Decenio de la no violencia y de la paz.
Actualmente, Tenzin Gyatso, figura internacional que se define a sí mismo como "un simple monje", viaja por todo el mundo hablando en pro del pueblo tibetano, su autonomía respecto de China e impartiendo enseñanzas budistas. Reputado por su jovialidad, su estilo enérgico y profundo, y su erudición, ha dado frecuentes alocuciones públicas que han sido transcritas en más de un centenar de libros.
Friday, June 25, 2010
La constancia de la práctica
por Naila Castillo
Todos los seres somos capaces de experimentar un estado despierto, de trascender la confusión y el sufrimiento. Algunos creen que esto es algo idealista o que no puede ser integrado en la vida actual, pero es posible experimentar de manera directa nuestro verdadero potencial. Lo que es cierto es que por la inercia que traemos, no estamos acostumbrados a reconocer este potencial. Estamos saturados de información de todo tipo. Por un lado las exigencias sociales y colectivas que nos fragmentan para encajar en determinados moldes y normas, por otro lado los roles que hemos creado nos ahogan un poco y las tendencias emocionales y del pensamiento discursivo por las que siempre nos dejamos llevar se han hecho en apariencia cada vez más sólidas. En este estado, divididos por estas distracciones es imposible que tengamos una experiencia directa de nuestra verdadera naturaleza. Aún así, para experimentar esta condición no es necesario abandonar nuestra vida y nuestra realidad cotidiana, no necesitamos retirarnos a una montaña o viajar a la India o al Tíbet para encontrar una práctica espiritual, simplemente no identificándonos con ello y relativizandolo podemos empezar a "limpiar", a "airear" nuestra mente y energía. Con el espacio que se abre al soltar estos puntos de referencia, empezamos a experimentar de una manera que no es intelectual, un estado más fresco y más genuino, más presente.
Pero a lo largo de mi práctica he visto que más de una vez las personas nos enfrentamos a miedos, trabas, o situaciones cotidianas que nos superan o que nos distraen, y en vez de aprender a utilizar estas circunstancias como el camino, las consideramos como ajenas a nosotros mismos, dejamos de meditar, dejamos de acudir a la sangha (el grupo donde uno practica), dejamos de utilizarlas como material para aprender y nos aislamos con la excusa de que "me pasó esto o aquello", "me siento así o asá", "no me coinciden los horarios" o "no soporto a esa persona".
Pero la realidad es muy simple. No vamos a vivir para siempre y cada vez que nos ponemos vagos o malcriados los que perdemos somos nosotros mismos. Estamos perdiendo lo más valioso que tenemos, el tiempo, porque el lapso de nuestra vida no es ilimitado. Experimentar esa naturaleza despierta es algo que realmente podemos realizar, pero para ello no basta con leer un libro o hacer algun curso una vez cada tanto o meditar una vez por mes o ir a yoga cuando puedo, significa tener en claro lo que queremos hacer con nuestra vida, como queremos vivirla, experimentarla. El dharma (la enseñanza sobre la naturaleza de la realidad) no es ajena a nosotros, no es un planteo espiritual y filosófico, es nuestra existencia en este momento presente, nuestra vida es el Dharma, pero para experimentar esto tenemos que usar "relojes" que nos despierten y estos despertadores son la práctica diaria y constante. Si tomamos esa disciplina (no con rigidez sino a través de plantearnos si queremos seguir confundidos o si queremos descubrir ese potencial innato), entonces nuestra vida se va a volver realmente preciosa y vamos a dejar de desperdiciarla.
Thursday, June 17, 2010
Convertirse en un gran guerrero

"Cuando el auténtico guerrero se dirige a la batalla, no se pone a pensar en su pasado ni a recordar su grandeza y su fuerza anteriores, ni fantasea con las consecuencias futuras, ni tampoco alberga pensamientos de victoria o derrota, de dolor o muerte. El guerrero mas grande se conoce a sí mismo y tiene una gran confianza en sí mismo. Tan sólo es consciente de su adversario. Es bastante abierto y se muestra plenamente consciente de la situación, sin pensar en términos de bueno o malo. Lo que le hace un gran guerrero es el no tener opiniones: él tan solo es consciente. Sin embargo sus adversarios, emocionalmente atrapados por la situación, no serán capaces de enfrentarse a él, porque actúa de forma verdadera, navega a través del miedo de su enemigo y es capaz de atacarlo con éxito.” Chögyam Trungpa Rinpoche, extracto del libro "Meditación en acción".
Monday, June 14, 2010
El Rey Gesar de Ling y Shambhala

Gesar de Ling, uno de los ancestrales cuatro soberanos principales de Shambhala, representa la quintaesencia de la tradición guerrera tibetana –un ser realizado que nació como un rey guerrero budista para desafiar a los enemigos del dharma. Él es tanto gurú como protector, así como también el espíritu ancestral del clan Mukpo. Como el vidhyadhara Chögyam Trungpa Rinpoche explicó, “El Guerrero aquí se refiere a la realización del poder, la dignidad y la conciencia despierta que es inherente en todos nosotros como seres humanos. Es despertar nuestra confianza humana básica la cual nos permite alegrarnos, desarrollar un sentido de visión y éxito en lo que estamos haciendo”. En este contexto, el significado del guerrero trasciende cualquier idea o expresión de agresión.
Mientras que en nuestros textos de Shambhala en sí mismo apenas mencionan el nombre de Gesar, están repletos con imaginería y enseñanzas halladas en El Poema Épico de Gesar, el más largo poema épico oral existente en el mundo. En el poema, discusiones sobre el caballo de viento (lungta), la presencia auténtica (wangthang), presencia enriquecedora (yang), confianza o dignidad (ziji), y el principio de lha, nyen, y lu abundan. El vidhyadhara explicó que “podemos considerar toda la historia como un despliegue de cómo funciona la mente del guerrero”. Gesar representa el guerrero ideal, el principio de la confianza todo victoriosa. Como la fuerza central de la cordura el conquistó a todos sus enemigos, las fuerzas malignas de las cuatro direcciones, que aleja las mentes de las personas de las verdaderas enseñanzas del budismo, las enseñanzas que dicen que es posible alcanzar la autorrealización última”. Las referencias a batallar, frecuentes en la literatura de Gesar, también aparecen en los textos de Shambhala donde los enemigos del dharma, las fuerzas malignas de las cuatro direcciones, no son otros sino la personificación de nuestras propias batallas internas.
Estas enseñanzas provienen directamente de Gesar, y como dice Trungpa Rinpoche “Gesar fue una emanación de Padmakara”. Cuando le preguntamos qué significado tenía Gesar en términos de la enseñanza de Shambhala, Rinpoche exclamó: “Gesar es la vanguardia de Shambhala” (Debe notarse que en otros contextos, el vidhyadhara indicó que el terma de Shambhala se había originado con los reyes Rigden, Shiwa Ökar, o Gesar de Ling).
Texto por el Comité de traducciones Nalanda fundado por Chögyam Trungpa Rinpoche en 1975.
Sunday, May 30, 2010
Artistas de la luminosidad por Tröma Rinpoche
La atracción no es el aferramiento pegote que es signo de la confusión dualista. La atracción es una cualidad inherente de la existencia. No se necesitar renunciar o negar esto. De hecho, puede ser cultivado. Puede ser una causa de la experiencia de la luminosidad vivida y vacía de todas las cosas. Puede ser una causa de meditación.
Los tantricas no necesitan renunciar a la forma -nuestros cuerpos no solo unas bolsas de pus, sangre, y huesos como se dice en los Sutras. Nuestros cuerpos están repletos de maravillas, llenos de ciencia, inteligencia, los cinco colores y la luz clara. Celebramos la forma; así celebramos los ornamentos, los colores, el arte, la música de los MhaSiddhas, tantricas y yogis.
Porque los tantricas no renunciamos a la forma, todos somos artistas. Si no somos artistas en sentido convencional de hacer pinturas religiosas, o ser músicos, somos artistas del ser; una manera de estar en el disfrute sin preconceptos. Así es como es conocida la belleza, a través de la manera de estar más allá de los cndicionamentos, más allá de los preconceptos. La belleza es una manera de ser con la que solo podemos contactarnos cuando estamos en el estado no-dual, cuando estamos en el más hermoso estado del ser. Es la manera de la apreciación meditativa de todo lo que es.
Saturday, May 29, 2010
EL GRAN ENGAÑO por Sogyal Rinpoche
El nacimiento de un hombre es el nacimiento de su pena. Cuanto
más vive, más estúpido se vuelve, porque su ansia por evitar la
muerte inevitable se hace cada vez más aguda. ¡Qué amargura!
¡Vive por lo que está siempre fuera de su alcance! Su sed de
sobrevivir en el futuro le impide vivir en el presente.
CHUANG TZU
Tras la muerte de mi maestro, disfruté de una estrecha relación con Dudjom Rimpoché, uno de los mayores maestros de meditación, místicos y yoguis de los últimos tiempos. Un día iba
viajando por Francia con su esposa, admirando el paisaje mientras conducía. Pasaron ante un extenso cementerio que estaba recién pintado y adornado con flores. Su esposa comentó:
—Rimpoché, mira qué pulcro y qué limpio lo tienen todo en Occidente. Hasta los lugares donde depositan los cadáveres están inmaculados. En Oriente, ni siquiera las casas donde vive la gente están tan limpias.
—Ah, sí —replicó él—, es verdad; es un país muy civilizado. Tienen unas casas maravillosas para los cadáveres de los muertos. Pero, ¿no te has fijado? También tienen casas muy bonitas para los cadáveres de los vivos.
Cada vez que recuerdo esta anécdota pienso en lo hueca y fútil que puede ser la vida cuando se funda en una falsa creencia sobre la continuidad y la permanencia. Cuando vivimos así, nos convertimos, como dijo Rimpoché, en inconscientes cadáveres vivientes.
La mayoría vivimos así; vivimos según un plan preestablecido. Pasamos la juventud educándonos. Luego buscamos un trabajo, conocemos a alguien, nos casamos y tenemos hijos. Compramos una casa, procuramos que nuestro negocio tenga éxito, intentamos realizar sueños, como tener una casa de campo o un segundo automóvil. Nos vamos de vacaciones con nuestras amistades. Hacemos proyectos para la jubilación. Los mayores dilemas que algunos de nosotros hemos de enfrentar son dónde pasar las próximas vacaciones o a quién invitar por Navidad.
Nuestra vida es monótona, mezquina y repetitiva, desperdiciada en la persecución de lo banal, porque al parecer no conocemos nada mejor. El ritmo de nuestra vida es tan acelerado que lo último en que se nos ocurriría pensar es en la muerte. Sofocamos nuestro miedo secreto a la impermanencia rodeándonos de más y más bienes, de más y más cosas, de más y más comodidades, hasta que nos vemos convertidos en sus esclavos. Necesitamos todo nuestro tiempo y toda nuestra energía simplemente para mantenerlos. Nuestra única finalidad en la vida pronto se convierte en conservarlo todo tan seguro y a salvo como sea posible. Cuando se produce algún cambio, buscamos el remedio más rápido, alguna solución ingeniosa y provisional. Y así, a la deriva, va pasando nuestra vida hasta que una enfermedad grave u otra calamidad nos saca de nuestro estupor.
Por otra parte, no es que dediquemos mucho tiempo ni mucha reflexión a esta vida, tampoco. Piense en esas personas que trabajan durante años y luego tienen que retirarse, sólo para
descubrir que no saben qué hacer con su vida a medida que envejecen y se acerca la muerte. Aunque mucho hablamos de ser prácticos, ser práctico en Occidente significa ser miopes, muchas veces necia o egoístamente. Nuestra miope concentración en esta vida, y sólo en esta vida, es el gran engaño, el origen del sombrío y destructivo materialismo del mundo moderno. No se habla de la muerte ni se habla de la vida tras la muerte porque se hace creer a la gente que hablar de estas cosas sólo sirve para estorbar nuestro «progreso» en el mundo.
Sin embargo, si nuestro deseo más profundo es vivir y seguir viviendo, ¿por qué insistimos ciegamente en que la muerte es el fin? ¿Por qué no intentamos al menos explorar la posibilidad de que exista una vida más allá? ¿Por qué, si somos tan pragmáticos como pretendemos, no empezamos a preguntarnos seriamente dónde está nuestro futuro real? Después de todo, nadie vive más de cien años. Y después de eso se extiende toda la eternidad, sin ser tenida en cuenta...
LA PEREZA ACTIVA
Hay un antiguo relato tibetano que me encanta; se titula «El padre de "Famoso Como La Luna"». Un hombre muy pobre, después de mucho trabajar, consiguió acumular todo un saco de grano. Se sentía muy orgulloso de sí mismo, y cuando llegó a casa cogió una cuerda y colgó el saco de una viga para que estuviera a salvo de ratas y ladrones. Dejándolo allí colgado, se tendió a dormir justo debajo para mayor seguridad. Mientras yacía acostado, su mente empezó a divagar: «Si vendo el grano en pequeñas cantidades obtendré mayor beneficio. Así podré comprar más grano y repetir el negocio, y muy pronto me haré rico y seré una persona influyente en la comunidad. Las chicas se prendarán de mí. Me casaré con una mujer hermosa, y muy pronto tendremos un hijo. Habrá de ser un niño, pero... ¿qué nombre vamos a ponerle?». Paseó la mirada por el cuarto y la detuvo en un ventanuco tras el cual se veía ascender la Luna.
«¡Qué signo más auspicioso!», pensó. Ese sí que es un buen nombre. Lo llamaré "Famoso Como La Luna"». Ahora bien, mientras él se entregaba a sus fantasías, una rata logró trepar hasta el saco de grano y royó la cuerda que lo sostenía. En el momento en que brotaban de sus labios las palabras «Famoso Como La Luna», el saco cayó del techo y lo mató al instante.
«Famoso Como La Luna», lógicamente, no llegó a nacer.
¿Cuántos de nosotros, a semejanza del protagonista de este relato, somos arrastrados por lo que he dado en llamar «pereza activa»? Naturalmente, existen diversas variedades de pereza. La
pereza de estilo oriental es como la que se ha llevado a la perfección en India. Consiste en pasarse el día holgazaneando al sol, sin hacer nada, evitando toda clase de trabajo o actividad útil, bebiendo tazas de té, escuchando música de películas indias a todo volumen en los aparatos de radio y charlando con los amigos. La pereza occidental es muy distinta. Consiste en abarrotar
nuestra vida de actividades compulsivas a fin de que no quede tiempo para afrontar los verdaderas problemas. Si contemplamos nuestra vida veremos claramente cuántas tareas sin importancia, a las que llamamos «responsabilidades», se acumulan para llenarla. Un maestro las compara a «hacer la limpieza de la casa en sueños». Nos decimos que queremos dedicar tiempo a las cosas importantes de la vida, pero nunca tenemos tiempo. El mero hecho de levantarnos por la mañana supone una multitud de tareas: abrir la ventana, hacer la cama, ducharse, limpiarse los dientes, dar de comer al perro o al gato, fregar los platos de la noche anterior, descubrir que te has quedado sin azúcar o café, salir a comprarlo, preparar el desayuno... Es una lista interminable. Luego hay que buscar la ropa, elegirla, plancharla, volverla a guardar. ¿Y el cabello? ¿Y el maquillaje? Desvalidos, vemos cómo se nos llenan los días de llamadas telefónicas y proyectos triviales, de responsabilidades y responsabilidades...
¿O no deberíamos llamarlas «irresponsabilidades»? Parece que nuestra vida nos vive, que posee su propio impulso imprevisible, que se nos lleva; en último término, nos parece que no tenemos elección ni control sobre ella. Naturalmente, esto a veces nos hace sentir mal, tenemos pesadillas y despertamos sudorosos, preguntándonos: «¿Qué estoy haciendo de mi vida?». Pero nuestros temores sólo duran hasta la hora del desayuno; aparece el maletín y volvemos a estar donde empezamos. Pienso en el santo hindú Ramakrishna, que le dijo a uno de sus discípulos: «Si dedicaras a la práctica espiritual una décima parte del tiempo que dedicas a distracciones como ir detrás de las mujeres o hacer dinero, llegarías a la Iluminación en unos pocos años».
Hubo un maestro tibetano llamado Mipham, que vivió a principios de siglo, una especie de Leonardo da Vinci del Himalaya. De él se cuenta que inventó un reloj, un cañón y un aeroplano. Pero en cuanto daba por terminado un invento, lo destruía, diciendo que sólo sería causa de nueva distracción.
La palabra «cuerpo» en tibetano es lü, que quiere decir «algo que se deja atrás», como el equipaje. Cada vez que decimos lü, recordamos que sólo somos viajeros refugiados temporalmente en esta vida y este cuerpo. Así, en Tíbet la gente no se distraía ni se pasaba todo el tiempo procurando hacer más cómodas sus circunstancias externas. Se daban por satisfechos si tenían lo suficiente para comer, la espalda cubierta de ropa y un techo sobre su cabeza. Lo que hacemos nosotros, tratar obsesivamente de mejorar nuestras condiciones, puede convertirse en
un fin por sí mismo y en una distracción vana. ¿A quién que estuviera en su sano juicio se le ocurriría redecorar minuciosamente la habitación del hotel cada vez que se alojara en uno?
Me gusta mucho el siguiente consejo de Patrul Rimpoché:
Ten presente el ejemplo de una vaca vieja,
que se da por satisfecha durmiendo en un cobertizo.
Tienes que comer, dormir y cagar,
eso es inevitable,
lo demás no es asunto tuyo.
A veces pienso que el mayor logro de la cultura moderna es su brillante manera de vender el samsara y sus distracciones estériles. La sociedad moderna me parece una celebración de todas las cosas que alejan de la verdad, que hacen difícil vivir para la verdad y que inducen a la gente a dudar incluso de su existencia. Y pensar que todo esto surge de una civilización que dice adorar la vida, pero en realidad la priva de todo sentido real; que habla sin cesar de «hacer feliz» a la gente, pero que de hecho obstruye su camino a la fuente de la auténtica alegría.
Este samsara moderno se alimenta de la misma ansiedad y depresión que induce en todos nosotros y que fomenta cuidadosamente con una maquinaria de consumo que necesita mantenernos deseosos para continuar funcionando. El samsara es muy organizado, versátil y refinado; nos asalta con su propaganda desde todos los ángulos y crea a nuestro alrededor un entorno de adicción casi inexpugnable. Cuanto más intentamos escapar, parece que más caemos en las trampas que con tanto ingenio nos tiende. Jikmé Lingpa, maestro tibetano del siglo XVIII, dijo:
«Hipnotizados por la variedad misma de las percepciones, los
seres vagan perpetuamente errantes por el círculo vicioso del
samsara».
Así obsesionados por falsas esperanzas, sueños y ambiciones que prometen felicidad pero sólo conducen a la desdicha, somos como personas que se arrastran por un desierto sin fin, muertas
de sed. Y todo lo que este samsara nos ofrece para beber es un vaso de agua salada que intensifica nuestra sed.

